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El dentista es una fuente de ansiedad para mucha gente, y eso se multiplica cuando el paciente es nuestro hijo.

Lo primero que se debe tener en cuenta, es que estamos todos en el mismo equipo. Los padres y el personal de la clínica, queremos que al niño se le resuelvan sus problemas dentales. Siempre de la forma más agradable posible, sin miedos y sin estrés.

Formamos un equipo, porque vosotros sois los que mejor conocéis a vuestro hijo y nosotros los que mejor vamos a conocer su boca. El dentista y su equipo conocen el comportamiento de los niños en la clínica.

  1. La primera vez que un niño viene a la clínica es muy importante. Es el primer trato que tiene con el sillón, el material y sobre todo con el dentista y su equipo. También para nosotros porque conocemos a vuestro hijo.
    La primera visita, lo ideal es que sea una toma de contacto, que no se haga ningún tratamiento. Sólo el diagnóstico y radiografías si el niño colabora. Lo invitaremos a que venga otro dia, así como ya nos conoce, será más facil tratarle.
    A los padres, se les explica lo que el niño necesita estableciendo prioridades y como se va a realizar el tratamiento.
  2. El tratamiento dental es un poco especial. Normalmente  se necesitan varias visitas y en todas se requiere la cooperación del pequeño. Los padres deben tener paciencia y  traer a su hijo todas las veces que sean necesarias. Dependerá de la colaboración del niño y del tratamiento a realizar. Somos un equipo: cuantas menos visitas mejor para todos, pero por quien hay que mirar siempre es por el pequeño.

“Hay que transmitirles confianza”

  1. Siempre hay que intentar tratar la visita con naturalidad. Como una experiencia positiva: vas a aprender muchas cosas nuevas, van a dejarte los dientes muy limpios… Nunca usar palabras agresivas, aunque sea para intentar tranquilizarlos: ”no te van a hacer DAÑO”, ”es un PINCHACITO de nada”,”no te vas a enterar cuando te ARRANQUEN el diente”… Y mucho menos como una broma para meterles miedo. Esas bromas DAN miedo, y pueden llevar a que un niño no se deje tratar.
  2.  Los padres con miedo al dentista transmiten ese temor a sus hijos, por eso hay que tener mucho cuidado. Imaginad qué pensará un niño si ve a su padre nervioso ante una situación que el niño no conoce. Por eso, es mejor que los papás se queden en la sala de espera, si así se les indica, para no crear un ambiente de nerviosismo. Esto puede hacer más difícil el trabajo del dentista, aunque con buenas intenciones, diciendo cosas como: ‘‘¿te han hecho daño?”.
  3. Cualquier duda sobre el tratamiento, cómo y por qué se debe hacer, si se debe usar anestesia, qué cuidados hay que seguir…, hay que plantearla al profesional. Por minúscula o irrelevante que parezca,  tenemos que estar convencidos de qué se le va a hacer a nuestro hijo. Tiene que haber confianza y comunicación con el profesional que lo va a atender. Y, en la medida de lo posible, el niño no debe estar presente cuando se planteen estas dudas, para afianzar su seguridad.

Son sólo unos cuantos consejos que espero os sirvan de ayuda, para que el tratamiento de vuestro hijo sea lo más agradable y efectivo posible. Todos queremos que crezca con una boca sana y sin miedo al dentista.

 

 PEDIR CITA

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