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Las enfermedades periodontales son un conjunto de patologías de causa infecciosa y naturaleza  inflamatoria que afectan a los tejidos de soporte del diente, pero cuyos efectos se pueden extender a otras partes del organismo.

La salud de las encías y la salud general tienen una estrecha vinculación. Las consecuencias van más allá de ser solamente estéticas o de tener repercusiones únicamente en la esfera bucodental, la enfermedad periodontal está vinculada con un mayor riesgo de sufrir un evento cardiovascular, de tener diabetes o de controlarla peor, o de ser un factor coadyuvante en el parto prematuro.

El signo más evidente de la existencia de enfermedad periodontal es el sangrado, bien espontáneo, o bien al cepillado, pero otros síntomas pueden ser mal sabor, mal olor, encía enrojecida, sensibilidad térmica, dolor o incluso movilidad dentaria.

Una vez diagnosticada, debemos hacer un estudio periodontal detallado tanto clínico (periodontograma) como radiológico.

En la gingivitis, sólo está afectada la encía y por lo tanto, es una situación reversible, si se realiza un tratamiento adecuado, que consiste en una limpieza profesional, realizada por el odontólogo o higienista y unas instrucciones básicas de higiene oral.

En el caso de la  periodontitis, si hay afectación del hueso de soporte, y  el tratamiento para ello se organiza en dos fases, primero un tratamiento básico, en el  que haremos un  raspado y alisado radicular, es decir, limpiar cada diente por debajo de la encía para eliminar la placa, sarro y tejido infectado. Si después de esto sigue habiendo bolsas profundas, inflamación o sangrado, pasaremos a  la fase quirúrgica, para eliminar las bacterias de las zonas más profundas y corregir defectos anatómicos, y por lo tanto facilitar la higiene oral diaria.

Una vez realizado el tratamiento periodontal, se indicara al paciente como cuidar a diario sus dientes, se fijará un protocolo individual de seguimiento y se realizarán mantenimientos periodontales periódicos para conseguir el control de la enfermedad a largo plazo.

En cada visita de mantenimiento, el dentista o higienista comprobarán la evolución de la enfermedad, reforzará  las instrucciones de higiene enseñadas al paciente y se eliminará la placa bacteriana y el sarro.

La frecuencia de las visitas dependerá de cada paciente, cada 4 ó 6 meses.

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